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Incendio de Becedas Enviado el Martes, 05 agosto a las 13:40:50 por jorgezg

El incendio de Becedas calcinó 8.000 hectáreas en Ávila y Salamanca. La crítica. Una joven asegura que los medios con los que han contado han sido insuficientes, ya que en todo el día no han podido contar con una manguera con la que poder atajar las llamas que se les acercaban a lugares en los que se encontraban. Las localidades. Tremedal, Santa Lucía de la Sierra, La Carrera, Barco de Ávila, Losares del Barco, El Losar, Junciana, Becedas, Gilbuena y Medinilla fueron algunas de las localidades que se vieron afectadas por las llamas. Con la caída del sol, el fuego ya se consideraba extinguido, aunque aún debían permanecer algunas cuadrillas para sofocar cualquier rescoldo que pueda avivarlo de nuevo.

Los voluntarios inundaban las carreteras. Retenes en las cunetas descansando tras una noche agitada y un amanecer caótico. Columnas de coches recorrían la carretera de un lugar a otro en busca de refuerzos con los que poder atajar, cuanto antes, un fuego que quemaba sin compasión los pastos por los que tantas veces habían trabajado o, simplemente, paseado en las tardes del verano. El duro trabajo de la noche se podía entrever en sus cejas y ojos cansados, pero al mismo tiempo muy abiertos a la búsqueda y captura de cualquier pequeña llamarada que se acercara a sus posiciones. Abuelos, padres, hijos, tres generaciones trabajaban, codo con codo, en el mayor de los incendios que ha arrasado, hasta el momento, nuestra provincia, y que ha quemado 8.000 hectáreas, aunque todos ellos confiaban en que a la caída del sol sucumbiesen los pequeños focos que aún resistían a primeras horas de la tarde. La labor comenzó para muchos en las primeras horas de la noche. Patricia Navarro, una joven de El Losar, afirmaba que «todos nosotros llevamos trabajando desde las tres de la mañana, porque cuando ves peligrar tu localidad y a los tuyos no hay cansancio que pueda contigo». Sin embargo, en muchos de ellos, el sentimiento era un tanto de frustración, por que, como afirma ella misma y el pequeño reten de voluntarios que se agolpaban en las curvas de la carretera que conecta El Losar con El Tejado, provincia de Salamanca, «nos han dejado aquí a nuestra suerte. No hay medios ni existe coordinación. En todo el día no hemos visto ni una manguera y estamos aquí aguantando el fuego como podemos». Y es que cuando todo parecía controlado, una pequeña ráfaga de aire avivaba de nuevo las llamas, que echaban al traste con todo el trabajo de la tarde. Palas, azadas o ramas de árboles eran sus únicas herramientas. Paños húmedos y camisetas atadas a la altura de sus bocas sus protecciones. De un sitio a otro, sin saber el fuego que les esperaba a la vuelta de cada curva, se montaban en furgonetas respondiendo a una simple voz de ayuda para acudir a echar una mano a un compañero, a un vecino o simplemente a alguien que pasaba con el coche por la zona y colaboraba en todo la posible. El valor manaba de unas mangueras que no existían. El fuego amenazaba con traspasar la carretera, su único cortafuegos. La tensión se acumulaba. Un cambio de viento podía hacer cambiar la suerte de estos fortuitos bomberos. Y así ocurrió. Una pequeña chispa, una brizna de hierba encendida, hizo saltar la voz de alarma. El fuego había cruzado la carretera. Una treintena de hombres corrían en su busca. Arriesgando demasiado en algunos casos consiguieron aquello por la que habían luchado durante todo el día: frenarlo. Por suerte, como si del 'Séptimo de caballería' se tratase, aparecieron los bomberos, que con sus mangueras pudieron hacerse con el dominio de la situación. Y es que, como afirmaba Patricia, «sólo con ramas no podemos acabar con esto». Esta escena se repitió durante todo el día a lo largo de todos los focos que aún permanecían activos. Tremedal, Santa Lucía de la Sierra, La Carrera, Barco de Ávila, Losares del Barco, El Losar, Junciana, Becedas, Gilbuena y Medinilla fueron algunos de los lugares afectados por las llamas que durante día y medio han calcinado buena parte de la provincia abulense. Con la caída del sol el calor disminuía, las llamas desaparecían y el optimismo volvía a aparecer en las caras de todas las personas que tan duro habían trabajado. De nuevo podían regresar a sus casas los 250 vecinos de las localidades de Junciana, Casa de la Vega, Palacios de Beceda o El Tejado. Sus pueblos se habían salvado. Algunos de ellos los habían abandonado a las 6 de la mañana con la llegada de la Guardia Civil. En esos momentos, las llamas se acercaban mucho a sus viviendas. Por suerte, apenas 200 metros separaban las casas de las cenizas humeantes que había dejado el fuego tras su paso. La llegada de la noche llega el momento de contar las anécdotas, de regresar a casa, de poder disfrutar de una ducha fresca y cenar con la familia. Campos de fútbol arrasados, pastos calcinados, árboles humeantes. La llegada de la noche oculta el color negro carbón que muestra la tierra, pero aunque no lo vean, todos saben que se encuentra allí. Ahora tan sólo esperan que algo así no se vuelva a repetir, que las autoridades encuentren al culpable de esta catástrofe y que sus hijos puedan disfrutar de los pastos verdes como ellos lo hicieron cuando eran niños. FUENTE: El Diario de Ávila

 

 

 

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