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San Estevan vibró con el Vitor. Cientos de personas participaron ayer en esta popular fiesta que se celebra de forma ininterrumpida desde 1627 para rememorar el martirio de San Pedro Bautista y donde no faltaron ni las antorchas ni los jinetes
La tradición y la cultura popular volvieron a ser protagonistas, una vez más, en San Esteban del Valle, para vivir una nueva edición de su fiesta más emblemática: el Vítor, que se celebra de forma ininterrumpida desde 1627 para rememorar el martirio de San Pedro Bautista en tierras niponas. Cientos de personas, muchas de ellas foráneas que no quisieron perderse este espectáculo único, se dieron cita en las calles del municipio para seguir la comitiva. El reloj marcaban algunos minutos por encima de las 10 de la noche y, ataviados con pañuelos rojos y muchos de ellos sobre los lomos de sus monturas, los asistentes recorrieron lentamente el pueblo, lanzando al cielo los vítores en honor a su patrón, San Pedro Bautista.
Los ojos de aquellos que acudieron por primera vez a esta celebración quedaron impresionados. No era para menos. En un marco tan bello como el de las calles típicas de San Esteban del Valle vieron desfilar, en un respetuoso silencio sólo roto por la entonación del las décimas en honor al Santo y los vítores hacia el Patrón, a cientos de personas escoltados por antorchas que iluminaban el recorrido. El que 'echa el Vítor' abría la ruta sobre los lomos de un bello caballo portando el estandarte de San Pedro Bautista y marcó el ritmo del acto. Se detuvo allí donde los vecinos habían preparado una hoguera o en lugares emblemáticos para, levantando el estandarte hacia el cielo, recitar las décimas, que fueron respondidas, al unísono por los vecinos, con los tradicionales vítores: «¡Vítor a nuestro Santo!», ¡Vítor a San Pedro Bautista! y ¡Vítor a la Santa Cabeza!»
El ritual se mantuvo hasta la llegada al Pilón, donde fueron recibidos por el cura párroco que les bendijo para vivirse uno de los instantes más celebrados de esta fiesta, como fue la cabalgada, al trote tendido, de los jinetes hasta la iglesia donde, tras recitar unas décimas, se trasladaron hasta las puertas del cementerio para recordar a los vecinos ya fallecidos y de ahí, retornar hasta las puertas de la ermita del Santo, para ser testigos de la subasta para 'clavar el Vítor', una subasta en la que únicamente pueden pujar los hijos del pueblo. La expectación fue máxima y los vecinos, en cerrada ovación, felicitaron al agraciado de este año, a la vez que las teas ubicadas junto a la ermita se apagaban lentamente, anunciado el final del Vítor. Fue una noche mágica, llena de tradición, de cultura popular, de devoción hacia el Santo, devoción que se dejó sentir también durante el día, a la largo de la misa concelebrada en honor al patrón, que tuvo lugar a las once y media de la mañana, así como la procesión para trasladar la imagen del Santo y su Santa Cabeza a su ermita.
FUENTE: El Diario de Ávila
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