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TSUNAMI Llevar a Tailandia en el interior del corazón
Ana Somoza se inspiró en el paisaje del país asiático para diseñar la obra que recordará a las víctimas del tsunami. Un viaje a Tailandia durante el pasado verano tras el desastre del tsunami y la convocatoria vista en internet, empujaron a Ana Somoza a acometer la obra ‘Montañas del recuerdo’ en Memoria de la víctimas del tsunami, la cual resultó ganadora del certamen internacional, después de pasar varias fases de concurso.
La primera, entre casi setecientos proyectos, la segunda entre trescientos setenta y nueve de cuarenta y tres países diferentes, y la última, entre cinco proyectos de Finlandia, China, EEUU, Australia y España, en la que la española se hizo con el galardón.
Ana, que vive a caballo entre Madrid y El Barraco, y que trabaja además para los ayuntamientos de San Juan de la Nava y Navaluenga como arquitecto municipal, está encantada con este premio, en el que ha trabajado sin descanso. Al comienzo, acometió este proyecto en solitario, para más tarde, una vez pasada la primera fase, contar con la ayuda de otros colegas, Ángel Martínez, Eva Sebastián y Juana Canet.
La obra. La arquitecto, inspirándose en el paisaje de la costa sureste de Tailandia, según comenta, ideó estas Montañas del recuerdo como «una forma de recrear una pieza de naturaleza artificial integrada en el Parque Nacional de Khao-lak Lamru, en el Océano Índico, con el objetivo de proporcionar a la gente un lugar simbólico y natural para poder meditar, experimentar y enseñarles a convivir con las fuerzas de la naturaleza».
Las montañas de estas islas, emergiendo desde los lagos y mares, supone el fundamento de este proyecto que propone una puerta de acceso al lugar y que desde el ‘hall’ invita a penetrar en el bosque. El monumento se construirá en una explanada junto a la curva de acceso de la carretera, fusionándose con el paisaje y cubierto de vegetación en su totalidad.
Al lado del mar y en la zona más alta del solar, se erigirá un racimo de cinco torres alrededor de las que se situarán dos plazas. La del lago, que estará abierta y elevada, y la de la unión, que será cerrada y que funcionará como un distribuidor de los visitantes desde el acceso principal hacia las entradas de cada una de las torres. La conmemoración del ‘Memorial Day’, cada 26 de diciembre, se realizaría en la plaza del lago, que se utilizaría como un gran estadio con una capacidad aproximada de unas 2000 personas.
Rememorando las pagodas de los templos budistas, se construirán las cinco torres con una forma exterior similar, una planta formada por un semicírculo y una media elipse y con espacios interiores diferentes que en su conjunto tendrán siete niveles estructurales distintos en analogía con la religión budista, los estados que hay que recorrer hasta alcanzar el nirvana.
Torres. Las torres se conectan unas con otras mediante una pieza de hormigón que dará solidez al conjunto y la estructura será metálica y por tanto ligera y montada en el lugar, protegida contra el fuego y el salitre.
La primera torre recibe la denominación de el memorial: el espacio contemplativo tendrá un pabellón de cristal que servirá de refugio de la lluvia del monzón. El suelo va descendiendo con una serie de anillos concéntricos de vidrio bajo los cuales discurre el agua que alcanza un pequeño lago de donde nace un manglar artificial que representa el árbol de la vida de los templos budistas. Tiene un significado muy simbólico porque sus ramas y hojas representan a cada una de las casi 250.000 víctimas que hubo en la tragedia del tsunami según describe la arquitecto en su proyecto.
La segunda torre, es llamada el museo: el belvedere es la más alta y más grande, ya que mide 25 metros, en el centro encontraremos una estrella en la que podemos observar los nombres de los países que tuvieron víctimas en la tragedia.
El centro de aviso: el espacio de la enseñanza es el nombre de la tercera torre. La cuarta se dedica a restaurante y tienda.
Y la quinta será ocupada por el anfiteatro. Se trata de una obra de la que Ana Somoza destaca su carácter bioclimático, sostenible, con una pretensión de autoabastecimiento, y en el aspecto afectivo, lo considera como lugar de reflexión donde acudir para rendir tributo a las víctimas de esta catástrofe natural. FUENTE: Diario de Ávila
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