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Y de postre, caldereta. Las fiestas patronales de Lanzahíta en honor de la Virgen del Prado culminaron con una suculenta cena ofrecida por el Ayuntamiento a la que acudieron más de mil personas
LANZAHÍTA
El fin de fiesta de Lanzahíta, lejos de convertirse en un adiós melancólico por la culminación de los siempre esperados festejos patronales en honor a la Virgen del Prado, se tornó alegre y, sobre todo, suculentamente culinario.
La ya tradicional caldereta ofrecida por el Ayuntamiento lanzahiteño la última noche de celebraciones patronales fue la guinda de un pastel festivo al que no le faltó ni los actos religiosos. con las siempre multitudinarias procesiones de la Virgen del Prado. ni el toque taurino, con las novilladas y un festejo de rejones con la presencia de la ganadería Hermanos Robles Blanquito, ni mucho menos la música y el baile. con la celebración de las no menos populares verbenas nocturnas.
Muy popular y multitudinaria fue también esa noche del jueves, donde al calor de un buen plato de caldereta se reunieron más de 1.000 personas para degustar este plato cuya elaboración había comenzado a las cuatro de la tarde, tiempo suficiente para que a las nueve en punto de la noche estuviera todo preparada para repartir un buen puchero a todo aquel que se quiso acercar.
Unos cenaron en la propia plaza de toros, otros ya habían colocado mesas a las puertas de sus casas para celebrar una velada de confraternidad con los familiares que encuentran en las fiestas en honor a la Virgen del Prado una buena excusa para regresar a su lugar de origen.
1.000 KILOS DE CALDERETA.
El resultado de una tarde de trabajo en la que intervinieron no pocos cocineros y muchas mujeres que ayudaron al pelado de las patatas fue ocho pucheros en cuyo interior se depositó los más de 1.000 kilogramos de caldereta que se elaboraron en total para la ocasión.
Se utilizaron unos 800 kilos de patatas y unos 500 kilogramos de carne jugosa. de buena calidad, que requirieron varias horas de cocción a fuego lento. Hubo caldereta para todos, y para todos los gustos. Aquellos paladares exquisitos que buscaban una mezcla picante, consiguieron una carne bien condimentada que fue regada con refrescante limonada y con abundante vino, a poder ser de pitarra.
La cena copiosa fue acompañada de una buena conversación repleta de camaradería, a la que le siguió una tanda de bailes en la verbena popular con la que se cerraron unas fiestas que habían comenzado el pasado 6 de septiembre. N 0 obstante, ayer, todavía con la resaca de los festejos, hubo más de uno que a buen seguro saboreó de nuevo, a la hora de la comida. otro plato de caldereta popular, o al menos, eso es lo que manda la tradición. si ha sobrado viandas de
la noche anterior.
FUENTE: El Diario de Ávila
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