|
Justa López deja la costumbre popular de avisar casa por casa, de la celebración de un funeral o una misa por un difunto de pueblo, tras haberlo hecho durante 31 años sin que, de momento, nadie quiera coger testigo.
Una de las tradiciones más ancestrales de Mombeltrán se encuentra al borde del abismo. No es otra que la de avisar puerta por puerta, vecino por vecino, familia por familia, el día y la hora en la que se celebrará un funeral o una misa por un difunto concreto. El peligro de que esta tradición desaparezca se debe a que la última 'avisadora' del pueblo ha decidido dejarlo, después de haber realiza-do esta tarea durante 31 años.
Justa López Hernández, de 67 años de edad, ha sido la última de una generación de mujeres que, desde la noche de los tiempos, han recorrido el pueblo para dar cuenta del acto religioso en memoria de un hijo del pueblo fallecido. Se trata de una labor más humana que las frías esquelas que, ubicadas en escaparates y paredes, son las que dan cuenta de este tipo de oficios religiosos. Pero después de 31 años, Justa López dice estar ya "cansada", aunque en su mente está dejar el testigo a una nueva mujer que siga adelante con la tradición, aunque la tarea no es fácil.
TESTIGO.
"Han sido muchos años" -explica a este diario- y es el momento en que sea otra persona la encargada de seguir adelante con la tradición". Dice que ha contactado con tres mujeres para ello, "pero dos ya han dicho que no y estoy a la espera de lo que diga la tercera", dice la ya ex avisadora' que dejó de llevar a cabo esta función a mediados de este mes. "La misa por Papio Iglesias Gutiérrez fue la última que avisé, ahí se acabó mi tarea", expone.
El aviso de puerta en puerta contrasta con la frialdad de una esquela clavada en una pared anunciando la misa
Mientras no aparezca una sucesora, la voz cálida de Justa López será sustituida por una esquela clavada en una pared, una esquela que no dará respuestas a una pregunta puntual, una esquela sin rostro, una esquela sin sensibilidad, sólo una esquela. Si no ocurre algo que todos desean, una de las tradiciones más curiosas y, ala vez, más ancestrales de Mombeltrán pasará a formar parte de su historia popular y se habrá perdido una tradición que, los nuevos tiempos, habrán podido doblegar.
Justa López explica que su función era "recorrer el pueblo para avisar de la misa o funeral ", a la vez que "recoger el dinero que me daban los vecinos para entregar al familiar para dedicarlo a misas". Lamenta que aún nadie haya mostrado interés en perdurar la tradición "porque es algo que la gente lo pide". Cree que se trata "de un gesto humano, nada frío, ir de casa en casa, recorriendo el mismo trayecto que haría un cartero, para dar cuenta de una misa, como se ha hecho desde hace décadas".
Justa López Hernández, natural de la localidad toledana de Navalcán, llegó a Mombeltrán en 1971, al trasladarse su familia a este municipio por cuestiones de trabajo. En ese mismo ano, comenzó sus tareas como 'avisadora', recogiendo el testigo de Filomena y Cecilia, salvando la tradición, dado que, como ahora, nadie del pueblo quería llevar a cabo esta función. Gracias a su
decisión, la tradición se salvó y permaneció viva durante más de 30 años.
En aquel año, avisar de una misa 0 funeral costaba 200 pesetas de las de antes -no sólo no había euro, sino que España no tenía, por entonces, posibilidad de incorporarse en la Unión Europea-. Pero los tiempos pasan, y los precios cambian. En 1989 eran 1.300 pesetas el precio, mientras que al final de su tarea, ya sí en euros, el coste era de 30 euros, una cantidad que se antoja corta por avisar, una a una, en todas las casas del municipio. Recuerda también cual fue su primer trabajo, avisar de la misa de un joven fallecido en el municipio, Basilio López.
Así, poco a poco, esta mujer comenzó a ser tremendamente popular en el pueblo, porque todos aquellos que sufrían la muerte de un familiar la buscaban para que avisara de la misa en recuerdo de su difunto. "Es algo bonito -dice Justa López- porque haces algo por alguien, algo tan sentido como informar sobre un acto religioso en memoria de un hijo del pueblo que se nos ha ido" y lamenta que "nadie, por ahora, quiera retomar esta tarea tan particular" ¿Se despide la tradición? De momento, eso parece.
FUENTE: El Diario de Ávila
|