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En uno de los talleres que se desarrolla en la Escuela Comarcal de Sotillo de la Adrada, 22 mujeres aprenden el encaje de bolillos de la mano de Paqui Morales
Las tradiciones se mantienen villas siempre y cuando son transmitidas de generación en generación. Sin embargo, muchas de ellas, con el paso de los años, se pierden en el olvido, bien porque no haya nadie interesado en mantenerlas vivas y retornarlas o bien porque sufren una transformación muy lejana de la tradición original.
Una de las costumbres que no ha desaparecido, pero sí es muy difícil de ver, es la elaboración artesanal del encaje de bolillos.
En Sotillo de la Adrada, un grupo de 22 mujeres trabajan para aprender a hacer puntillas a la vieja usanza, en uno de los talleres que se imparten en la Escuela Comarcal de Adultos de la villa. Las hay que este año se han animado por primera vez a aprender el manejo de bolillos, pero también hay muchas que ya repiten, pues con el tiempo les resulta cada vez más gratificante su práctica y no puede decirse que los bolillos sean cosa de personas mayores, ya que en este taller se demuestra que las jóvenes presentan un gran interés por esta antigua tradición. Los que todavía se resisten son los hombres, pero todo se andará, puesto que como afirma una de las alumnas, "yo he visto a algún hombre manejando perfectamente los bolillos".
Las tradiciones se mantienen villas siempre y cuando son transmitidas de generación en generación. Sin embargo, muchas de ellas, con el paso de los años, se pierden en el olvido, bien porque no haya nadie interesado en mantenerlas vivas y retornarlas o bien porque sufren una transformación muy lejana de la tradición original.
Una de las costumbres que no ha desaparecido, pero sí es muy difícil de ver, es la elaboración artesanal del encaje de bolillos.
En Sotillo de la Adrada, un grupo de 22 mujeres trabajan para aprender a hacer puntillas a la vieja usanza, en uno de los talleres que se imparten en la Escuela Comarcal de Adultos de la villa. Las hay que este año se han animado por primera vez a aprender el manejo de bolillos, pero también hay muchas que ya repiten, pues con el tiempo les resulta cada vez más gratificante su práctica y no puede decirse que los bolillos sean cosa de personas mayores, ya que en este taller se demuestra que las jóvenes presentan un gran interés por esta antigua tradición. Los que todavía se resisten son los hombres, pero todo se andará, puesto que como afirma una de las alumnas, "yo he visto a algún hombre manejando perfectamente los bolillos".
Paqui Morales es la profesora que enseña a sus alumnas el' complicado' manejo de los bolillos. Ella lo aprendió de su abuela cuando era muy pequeña, y desde hace cinco años trasmite la técnica en Sotillo de la Adrada.
PACIENCIA. Paqui asegura que "manejar los bolillos es difícil, y te tienen que gustar las labores y coser, puesto que si pones interés, al final se consigue manejarlos". Aparte de paciencia y dedicación, hay una herramienta fundamental para llevar a cabo esta práctica: el mundillo tradicional, que es el soporte sobre el que se trabaja. Sobre el rodillo se coloca el picao, que es el dibujo que va a seguir la puntilla, y sobre éste, los alfileres que van a sujetar los bolillos.
También existen almohadillas rectangulares y circulares sobre las que se puede trabajar, aunque con el inconveniente de que si se quiere hacer una puntilla muy larga hay que ir moviendo los alfileres, ya que no llevan incorporadas el rodillo del mundillo. No obstante, son recomendables para hacer cuadros.
Paqui afirma que "una vez que ya conoces las pautas básicas, es el dibujo el que marca el bolillo que hay que coger, puesto que los signos que aparecen en el picao (un círculo, una aspa, una recuadro vacío...) señalanel puntoa seguir".
La labor principal que se realiza con los bolillos son la puntillas, bien para colocarlas en toallas, en pañuelos, en sábanas..., aunque también se pueden hacer cuadros, o incluso guantes, todo depende de la práctica y el dominio que se vaya adquiriendo. Con los bolillos se pueden hacer unos 10 o 12 puntos: punto entero, medio punto, punto corchón, filigrana, punto de la Virgen, arañas o milanos...; y también onda de plumilla, de medio punto o de punto entero con vainica.
En el taller, además de realizar las labores propias de los bolillos, ponen en práctica también distintos tipos de manualidades, ya que ellas mandan a un carpintero la fabricación de los mundillos, y luego según el gusto de cada una, los decoran bien con telas o envejeciéndoles, creando auténticas reliquias, que nada tienen que envidiar a las que se venden por un precio más alto.
VALOR. Siempre se ha sabido que las cosas hechas a mano son mucho más caras que las fabricadas en serie por máquinas. Su explicación puede entenderse perfectamente en la cantidad de horas y la dedicación que conlleva realizar una pieza de encaje hecha a mano, así como en la paciencia de las mujeres que hilo por hilo van entramando una puntilla que al verla, no deja lugar a duda de lo costoso de su elaboración. Paqui señala que las piezas hechas a mano suben el precio por estas razones: la mano de obra y el tiempo dedicado, a lo que además hay que su marle el hilo y el tejido que se emplee en una pieza.
Por ejemplo: unas sábanas con puntilla de encaje de bolillos pueden costar de 90 euros en adelante, unas toallas unos 45 euros, 0 un mantelito, unos 60 euros..., todo depende del trabajo de la puntilla y de la cantidad que lleve una pieza. Pero la gente entendida sabe apreciarlo, ya que comparando una puntilla hecha a mano con los bolillos y una hecha máquina las diferencias son notables. Así por ejemplo, Morales apunta que las máquinas no hacen esquinas, cuando con las almohadillas sí pueden realizarse; otra diferencia es que no utilizan hilos muy finos que sí se encuentran en los trabajos hechos a mano.
No obstante, el mérito del taller reside, sobre todo, en mantener vivo el encaje de bolillos para poder transmitirlo a otras generaciones sin que llegue a perderse en el tiempo.
FUENTE: El Diario de Ávila
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