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La labor del taller de empleo, a punto de concluir, ha sacado al descubierto la armoniosa estética de uno de los edificios con más solera de Mombeltrán, el Antiguo Hospital de San Andrés, declarado en 1976 Monumento Histórico Artístico
El interior de sus paredes ha dejado de ser una gruesa capa decemento y cal añejos. El suelo desvencijado por el descuido inexorable del tiempo comienza a adquirir una estabilidad proporcionada por gruesas baldosas rojizas de barro. Lo que en un principio pudieran parecer trastos viejos (calderososcurecidos por la acción de las llamas y hasta un antiquísimo baúlque escondía en su interior quiénsabe qué secretos) descansan ahora en un arco de madera restaurado, en el refugio de una hornacina estudiada al milímetro.
Aquel lugar que sirviera hace siglos para la celebración de misas religiosas y rezos apagados ha dejado de ser el cajón desastre de uno de los monumentos con más solera de Mombeltrán, el AntiguoHospital de San Andrés, porque después de una incesante labor la capilla de este edificio del siglo XIV luce, entre los rayos lechoso del sol invernal ya través de reformados barrotes de madera, con identidad propia.
Sin embargo, en un año, no hadado tiempo a que los alumnos del taller de empleo, que se clausurará el próximo 10 de diciembre, pudieran sacar todo el lustre a una delas joyas de este voluminoso edificio declarado Monumento Histórico Artístico en 1976, el claustro.
Lo que sí han podido reformar de esta parte del Antiguo Hospital y prácticamente de todas las salas en las que se divide este edificio han sido cada una de las puertas y ventanas que cubren los vanos del inmueble, es decir, todos los elementos relacionados con la carpintería, Los siete alumnos de este módulo se han afanado en devolver el color original a esa madera maciza, fundamentalmente de pino, nogal y castaño, visiblemente deteriorada por la lluvia y la humedad. Como explica el director del taller de empleo, Oscar Garrte Marqués, el proceso de restauración ha sido minucioso: "El proceso comienza con una primera lija manual a base de formol para encontrar ese color original de la madera que puede tener más de tres siglos. Después se le aplica una base para protegerla de la carcoma a la que le sigue la fase del acabado incoloro con elementos protectores contra los rayos ultravioletas.
No obstante, los jóvenes de la especialidad de carpintería también han tenido la oportunidad de aportar su creatividad y su sello personal en distintos elementos de creación propia, porque también han realizado labores de talla. Por eso, el taller de carpintería está inundado de ventanas y puertas nuevas en cuya superficie se pueden admirar, en relieve, el escudo actual de Mombeltrán y el primitivo (con la figura de un cordero), y hasta un perfil detallado del emblemático castillo de la villa.
BAÑOS DE PIEDRA y LADRILLO
N o menos minuciosa ha sido la labor emprendida por los otros siete alumnos de la especialidad de albañilería, en la recuperación de tres de las habitaciones del piso superior y la capilla y la sacristía, situadas en la planta baja.
Las paredes de estas estancias han recobrado su estética original, escondida detrás de capas de cemento posteriores a los años después de su construcción. Por eso, los alumnos que armados con picos, tuvieron que sacar a la luz los antiguos paños de adobe y piedra y limpiar uno a uno esos ladrillos rojizos para reformar después esas paredes con rosillón, cemento y un nuevo paño de cal que con la técnica del rasgado adquiere una estética rústica.
Otro de los nuevos elementos que confieren calidez a reformadas habitaciones son los techos forjados de madera en los techos. Robustas vigas sustentan el peso del paso del tiempo, mientras el suelo de las estancias se enriquece con varias capas de materiales para evitar que la humedad vuelva a impregnar, como lo ha hecho durante siglos, la zona baja de este edificio histórico de una villa con solera.
FUENTE: El Diario de Ávila
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